viernes, 23 de noviembre de 2007

El Nido

Allí estaba la niña, mirando hacia arriba, contemplando a su compañero estudiar las ramas del árbol donde se había encaramado.

-Tiene que estar por aquí
-Estás seguro de que está? Tal vez te lo hayas imaginado....
-No, que te digo que lo vi.

Y así fue. Momentos después, bajaba con algo abrazado a su pecho.

Un nido.

Y, en el nido, un polluelo indefenso, abriendo la boca de pura hambre, medio piando, medio gimoteando; llamando desesperadamente a su madre, a quién habían abatido hacia menos de una hora....

Se miraron a los ojos.

-Ahora qué? Ahora ya lo sabemos.... Y qué?
-Quédatelo.
-Yo? por qué?
-Aprende a medir las consecuencias de tus actos. Ahora, eres responsable de este pobre ser que necesita de ti para seguir adelante.

Y ella lo tomó entre sus manos. Era pequeño, absurdamente pequeño. Y suave. Y tibio. Y tierno.... Y ahora, era suyo.

Le habían regalado una vida, como premio a otra que había arrebatado no hacía mucho. Y esa vida era suya por derecho, era su responsabilidad, su condena, su regalo y su castigo. Se echó a llorar....

La vida está llena de regalos de este estilo, meditaba. De repente, por algo que arrebatas, algo se te regala.

Cuando algo se va, algo llega. Y, a veces, eso lo compensa todo.

Hay que medir la consecuencia de los actos...

jueves, 22 de noviembre de 2007

1- Reflejo

Ponte frente al espejo y mírate.
¿Qué ves?

-Nada especial, solamente un ser diminuto de cuerpo y espíritu. De mente algo opaca y mirada diáfana. De manos pequeñas y ojos grandes.

Un pequeño individuo que mira a su alrededor alternando sorpresa, miedo y esperanza. Que dibuja una media sonrisa cada vez que le mira, que llora lágrimas saladas cada poco y que baja la cabeza por vergüenza y miedo...

Alguien que no levanta la voz, que no disiente, que no discute. Alguien que solo pregunta, con la mirada y la voz, que busca un porqué, que busca un cuándo, que busca un quién... Sobre todo un quién.

Levanto la mano y la levanta conmigo. Se retuerce el pelo igual que yo y se muerde los labios y las uñas. Le miro las manos y sé que lleva tiempo haciéndolo... Tal vez sea por miedo.

-Miedo? Miedo a qué?

- Miedo a la soledad, al rechazo, a la vida, a la muerte. Miedo al silencio y al ruido, miedo al mar y al viento. Miedo a la gente y miedo a sí misma. Principalmente, miedo a ser...

Le miro a los ojos y mi reflejo me devuelve la mirada. Es extraño, pero veo la pregunta en sus ojos:

-Si yo tengo tanto miedo, por qué me lo tienen a mí?