Allí estaba la niña, mirando hacia arriba, contemplando a su compañero estudiar las ramas del árbol donde se había encaramado.
-Tiene que estar por aquí
-Estás seguro de que está? Tal vez te lo hayas imaginado....
-No, que te digo que lo vi.
Y así fue. Momentos después, bajaba con algo abrazado a su pecho.
Un nido.
Y, en el nido, un polluelo indefenso, abriendo la boca de pura hambre, medio piando, medio gimoteando; llamando desesperadamente a su madre, a quién habían abatido hacia menos de una hora....
Se miraron a los ojos.
-Ahora qué? Ahora ya lo sabemos.... Y qué?
-Quédatelo.
-Yo? por qué?
-Aprende a medir las consecuencias de tus actos. Ahora, eres responsable de este pobre ser que necesita de ti para seguir adelante.
Y ella lo tomó entre sus manos. Era pequeño, absurdamente pequeño. Y suave. Y tibio. Y tierno.... Y ahora, era suyo.
Le habían regalado una vida, como premio a otra que había arrebatado no hacía mucho. Y esa vida era suya por derecho, era su responsabilidad, su condena, su regalo y su castigo. Se echó a llorar....
La vida está llena de regalos de este estilo, meditaba. De repente, por algo que arrebatas, algo se te regala.
Cuando algo se va, algo llega. Y, a veces, eso lo compensa todo.
Hay que medir la consecuencia de los actos...
viernes, 23 de noviembre de 2007
jueves, 22 de noviembre de 2007
1- Reflejo
Ponte frente al espejo y mírate.
¿Qué ves?
-Nada especial, solamente un ser diminuto de cuerpo y espíritu. De mente algo opaca y mirada diáfana. De manos pequeñas y ojos grandes.
Un pequeño individuo que mira a su alrededor alternando sorpresa, miedo y esperanza. Que dibuja una media sonrisa cada vez que le mira, que llora lágrimas saladas cada poco y que baja la cabeza por vergüenza y miedo...
Alguien que no levanta la voz, que no disiente, que no discute. Alguien que solo pregunta, con la mirada y la voz, que busca un porqué, que busca un cuándo, que busca un quién... Sobre todo un quién.
Levanto la mano y la levanta conmigo. Se retuerce el pelo igual que yo y se muerde los labios y las uñas. Le miro las manos y sé que lleva tiempo haciéndolo... Tal vez sea por miedo.
-Miedo? Miedo a qué?
- Miedo a la soledad, al rechazo, a la vida, a la muerte. Miedo al silencio y al ruido, miedo al mar y al viento. Miedo a la gente y miedo a sí misma. Principalmente, miedo a ser...
Le miro a los ojos y mi reflejo me devuelve la mirada. Es extraño, pero veo la pregunta en sus ojos:
-Si yo tengo tanto miedo, por qué me lo tienen a mí?
¿Qué ves?
-Nada especial, solamente un ser diminuto de cuerpo y espíritu. De mente algo opaca y mirada diáfana. De manos pequeñas y ojos grandes.
Un pequeño individuo que mira a su alrededor alternando sorpresa, miedo y esperanza. Que dibuja una media sonrisa cada vez que le mira, que llora lágrimas saladas cada poco y que baja la cabeza por vergüenza y miedo...
Alguien que no levanta la voz, que no disiente, que no discute. Alguien que solo pregunta, con la mirada y la voz, que busca un porqué, que busca un cuándo, que busca un quién... Sobre todo un quién.
Levanto la mano y la levanta conmigo. Se retuerce el pelo igual que yo y se muerde los labios y las uñas. Le miro las manos y sé que lleva tiempo haciéndolo... Tal vez sea por miedo.
-Miedo? Miedo a qué?
- Miedo a la soledad, al rechazo, a la vida, a la muerte. Miedo al silencio y al ruido, miedo al mar y al viento. Miedo a la gente y miedo a sí misma. Principalmente, miedo a ser...
Le miro a los ojos y mi reflejo me devuelve la mirada. Es extraño, pero veo la pregunta en sus ojos:
-Si yo tengo tanto miedo, por qué me lo tienen a mí?
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