viernes, 23 de noviembre de 2007

El Nido

Allí estaba la niña, mirando hacia arriba, contemplando a su compañero estudiar las ramas del árbol donde se había encaramado.

-Tiene que estar por aquí
-Estás seguro de que está? Tal vez te lo hayas imaginado....
-No, que te digo que lo vi.

Y así fue. Momentos después, bajaba con algo abrazado a su pecho.

Un nido.

Y, en el nido, un polluelo indefenso, abriendo la boca de pura hambre, medio piando, medio gimoteando; llamando desesperadamente a su madre, a quién habían abatido hacia menos de una hora....

Se miraron a los ojos.

-Ahora qué? Ahora ya lo sabemos.... Y qué?
-Quédatelo.
-Yo? por qué?
-Aprende a medir las consecuencias de tus actos. Ahora, eres responsable de este pobre ser que necesita de ti para seguir adelante.

Y ella lo tomó entre sus manos. Era pequeño, absurdamente pequeño. Y suave. Y tibio. Y tierno.... Y ahora, era suyo.

Le habían regalado una vida, como premio a otra que había arrebatado no hacía mucho. Y esa vida era suya por derecho, era su responsabilidad, su condena, su regalo y su castigo. Se echó a llorar....

La vida está llena de regalos de este estilo, meditaba. De repente, por algo que arrebatas, algo se te regala.

Cuando algo se va, algo llega. Y, a veces, eso lo compensa todo.

Hay que medir la consecuencia de los actos...

1 comentario:

Anónimo dijo...

nunca hay que medir las consecuencias de los actos, y además es imposible hacerlo